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domingo, 21 de agosto de 2011

Una invitación a los cuerpos

La Beca se estrena el 30 de julio en el teatro La Mueca
Txt Nicole Baler / Ph Ezequiel Sambresqui
Se perciben los nervios en el aire. Reclaman destornilladores a los gritos, buscan partes de la escenografía en el depósito, recorren un escenario que será suyo a partir del 30 de julio, todos los sábados a las 23.30, en el teatro La Mueca. El elenco de La Beca disfruta la ansiedad lógica a dos días del estreno de la primera obra que dirige Sebastián Kirszner, en esta sala para 70 espectadores que abrió sus puertas en enero en la esquina de Córdoba y Godoy Cruz.
La Beca relata la historia de una familia que pide un subsidio económico como un empujón para ascender en la escala social. Para recibir este beneficio debe cumplir con ciertos parámetros para acceder a la exclusiva e indefinida categoría de familia bien. El día en que la asistente social que definirá su suerte los visita, el delicado equilibrio de las apariencias explota y el espectador es el invitado de lujo en esa destrucción progresiva. Hasta ahí lo estrictamente argumental. Pero Sebastián explica que su guión en realidad reflexiona acerca “del qué dirán, del deber ser, del responder a modelos, todas las cosas que la cultura nos exige y de las que no tenemos control”. Su punto de partida fue la tensión entre lo animal y lo impuesto, y eso le da sentido a esa protagonista lujuriosa con aires de condesa francesa, o a ese hermano menor que aparenta ser contrabajista del Teatro Colón y no se anima a reconocer su amor por una vecina cumbiera.
“Las palabras son una excusa para convocar a los cuerpos a hacer teatro”, propone este director de 26 años que en su rol se siente como “una especie de psicoanalista lacaniano de los cuerpos, que trabaja con el lenguaje del actor resignificándolo y guiando su discurso para potenciar lo que originalmente salió de un texto”. Y los cuerpos definitivamente logran contar una historia en la que las líneas pasan a segundo plano cuando por momentos los diálogos no se entienden con claridad.
Después de su trabajo como actor o autor en obras como el infantil El Mate o La estación intermedia, cree que a partir de esta experiencia encontró su lugar en el teatro: “Estoy muy contento porque uno como autor tiene bastante control sobre lo que hace, cuesta mucho soltar las palabras, y sobre esto no tengo control. Dirijo, pero en definitiva no sabía lo que venía después de pasar por todo el proceso creativo junto a los actores. Aparecieron un montón de cosas que me siguen sorprendiendo”. El abismo que encuentra entre el resultado actual y ese guión que metió en su mochila el primer día de ensayo no logra borrar lo que siente al verse reflejado en los personajes.
Este estreno es solo el comienzo de una segunda mitad de año cargada de proyectos. Con fechas a confirmar estrenará tres obras de su autoría: El casting, también en La Mueca, Inseguendo un goal, un espectáculo que transcurrirá en una canchita de fútbol 5 en Mario Bravo y Gorriti, y Oid Mortales, el agua sagrado que formará parte de la programación del Festival de Dramaturgia Emergente en el Abasto Social Club.

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